Exposición de máquinas de asedio y poliorcética

Exposición de máquinas de asedio y poliorcética
-Del 1 de noviembre de 2017 al 7 de enero del 2018.
-Sala Caballerizas, Castillo de Ainsa.
La exposición reúne las principales máquinas de asedio empleadas por los ejércitos durante el periodo medieval. Se trata de una exposición muy espectacular y que no tiene parangón en ningún lugar de Europa, en cuanto al número y calidad de las máquinas que presenta.
Las posibilidades de la exposición como recurso turístico son excepcionales, pues otras muestras semejantes realizadas en diferentes lugares de España han conseguido triplicar el número de visitantes de los recintos amurallados donde se han expuesto. Por otro lado, sus posibilidades de cara a colegios son enormes, al permitir a los niños aprender a un tiempo Historia y Tecnología.
Las máquinas que recoge la exposición son las siguientes:
Maquetas (22 piezas).
MAQUETAS
ARIETE.
El ariete consistía en una estructura en forma triangular o cuadrada que, por medio de cuerdas, suspendía la viga de golpeo en su interior. Para mover este ingenio se tiraba hacia atrás con las cuerdas desde el lado opuesto a donde estaba la cabeza y luego se soltaba en una especie de movimiento de balancín. Con el objeto de facilitar su desplazamiento, este diseño quedó ubicado sobre un chasis de madera con ruedas.
Estas innovaciones introdujeron grandes novedades a la hora de proteger a los soldados, facilitando las maniobras de aproximación hasta la base de los muros. Algunas ilustraciones de finales de la Edad Media muestran arietes dentro de un cobertizo cuneiforme colocado sobre ruedas y armado con un extremo puntiagudo de hierro.
El modelo de ariete diseñado por Taccola constaba de un chasis con ruedas, sobre el que se había dispuesto una estructura con cubierta a cuatro aguas, dentro de la que se albergaba una viga de grandes dimensiones. El especial diseño hacía que la máquina estuviera blindada hasta su último rincón, guardando ciertas similitudes con los primeros tanques.
RUEDA DE FUEGO.
La rueda de fuego fue una de las armas incendiarias más empleadas por los ejércitos musulmanes durante la Edad Media. Su construcción era muy simple y constaba básicamente de dos ruedas de carro, unidas entre sí por medio de un tablazón de madera, de forma que el resultado fuera un cilindro de grandes dimensiones. Éste se rellenaba de sustancias inflamables, a las que se les prendía fuego, y a continuación se hacía rodar ladera abajo. Gracias a su especial configuración, adquiría gran velocidad, convirtiéndose en un arma terrible para los contingentes de infantería, así como para las máquinas de asedio.
La rueda de fuego ruso fue usada, a gran escala, por los defensores de la ciudad estona de Tartu el 1244, tratando de detener el ataque cruzado sobre la ciudad. A pesar de su empleo, los sitiados no consiguieron quemar las torres de asedio cristianas.
A causa de la sencillez en su construcción, la rueda de fuego se convirtió en el arma preferida de los ejércitos musulmanes, siendo usada también en batallas campales.
COMETA INCENDIARIA.
En la obra de Walter de Milemete (1326) aparece un arma muy novedosa y que supone una curiosidad respecto al empleo del fuego en la Edad Media. Se trata de un tipo de cometa de grandes dimensiones equipada con un torno, semejante a los modelos empleados en ese mismo momento en el mundo oriental. Sin embargo, introducía la novedad de que estaba diseñada para portar materiales incendiarios. Éstos se disponían en una bola colgada de la estructura principal por medio de una cuerda forrada de cuero sin curtir, impidiendo que el fuego la quemara.
Su funcionamiento era el siguiente: después de haberle prendido fuego a la bola incendiaria, la cometa se hacía planear sobre la ciudad objeto del ataque, de modo que la bola ardiendo se desplazara sobre las estructuras para prenderles fuego, sobre todo los tejados que estaban construidos con paja y madera.
MANJANIQ TURCO.
Las piezas de artillería de contrapeso hicieron su aparición en el mundo musulmán en un momento indeterminado durante la primera mitad del siglo VII. Debieron llegar de la mano de los pueblos nómadas, que se movían en el espacio comprendido entre China y el Imperio Persa-Sasánida.
Uno de los modelos que describe al-Tarsusi en su tratado (1187) es el manjaniq turco. Su marco era el más simple de erigir de todos los manjaniqs complejos de tracción manual, pues estaba mucho más abierto que el resto de ejemplares contemporáneos. Sin embargo, el brazo rotatorio, la junta y la unión para las cuerdas eran muy similares.
A pesar de que el bastidor no disponía de unas medidas precisas, sí que era necesario que la viga horizontal se acomodara a unos cánones. Para cualquier manjaniq de tracción humana, las medidas ideales radicaban en que tres cuartos del brazo estuvieran en el lado de la honda y tan sólo una parte, en el extremo de las cuerdas desde donde se disparaba la máquina.
MANJANIQ FRANCO.
El manjaniq franco era otra de las piezas de artillería de tracción manual. Incorporaba una serie de rasgos estructurales, que permitían superar los problemas que caracterizaban al manjaniq turco. Esta nueva máquina tenía un marco simple, si exceptuamos que la junta se situaba en una muesca entre el soporte recto. El marco triangular, para las cuerdas desde las que se tiraba, se extendía mucho más lejos bajo el brazo y también descansaba sobre la junta.
Una de las características más importantes del marco estructural de esta máquina, es que tenía una mayor altura que longitud, lo que redundaba en una menor estabilidad. Su tamaño variaba, desde algunos ejemplares movidos por menos de 10 hombres, hasta otros que necesitaban de más de 500 soldados para su desplazamiento.
MANJANIQ PERSA.
La primera evidencia de la existencia de trabucos de contrapeso la encontramos en el tratado de al–Tarsusi (1187), donde aparece la representación de una forma rudimentaria de esta máquina, conocida como manjaniq persa. Tenía un marco de soporte y una viga con honda idéntica a las piezas de tracción manual, con la excepción de que la viga en su extremo, en lugar de un sistema de cuerdas para tirar, tenía un anillo de hierro, al que se sujetaba una red llena de piedras que hacía las funciones de contrapeso. Un sistema de poleas permitía bajar el brazo de la honda hasta el suelo, con lo que se levantaba el contrapeso en el aire.
A pesar del notable avance que suponía esta pieza de artillería, en cuanto a tecnología, sus prestaciones debían ser muy limitadas. Así, tendría la misma fuerza que una de tracción manual movida por un equipo de 50 hombres, por lo que se trataría de un modelo de tamaño medio. Este tipo de manjaniq podía ser operado por un solo hombre, llegando a tener capacidad para arrojar proyectiles de unos 90 kilos.
GRÚA ELEVADORA.
Los ejércitos cristianos hicieron un amplio uso de las grúas de elevación. Todas ellas se basaban en el principio del contrapeso, empleando la misma tecnología usada en las grandes piezas de artillería diseñadas para lanzar piedras.
En la obra de Valturio (1472) aparece representada una de estas máquinas. Constaba de una base de grandes dimensiones en forma de cruz, sobre la que quedaba erigido un palo vertical. En su parte superior se disponía una viga transversal que creaba un sistema similar al de la balanza. Uno de los extremos del palo horizontal iba equipado con una serie de cuerdas desde las que tirar, de manera que se levantara la otra parte en la que estaba dispuesto un tonel.
Cuando el extremo más alejado de las murallas bajaba, el otro subía hasta alcanzar los coronamientos de los muros, de tal forma que los soldados pudieran penetrar en el interior del recinto amurallado enemigo.
MANTELETE.
Las máquinas para la protección de los soldados resultaban fundamentales, de cara a las maniobras de acercamiento de las tropas a los muros, ayudando activamente en la protección de los obreros que realizaban las tareas de asedio o de minado. A pesar de que en muchos asedios no se utilizaran las grandes máquinas de asedio, este tipo de ingenios no podían faltar si se quería evitar un elevado número de pérdidas entre las filas atacantes.
Los ingenios protectores eran muy variados, así como sus nombres. Términos como vineae, mantas, manteletes, zarzos, gatas, bancos pinjados o paveses son empleados para describir máquinas con tipologías muy diferentes.
Tenían forma de parapetos, casetones o grandes escudos, pudieron estar fabricados en madera, mimbre o cuero. También existía la posibilidad de que contaran con ruedas o carecieran de ellas, además de presentar saeteras o techos almenados, de tal manera que se veía incrementada su capacidad protectora. El modelo aquí presentado es muy simple y adopta la forma de muro frontal con ruedas, estando dotado de aspilleras para permitir el disparo desde su parte trasera.
MANGONEL DE CASTILLON.
Entre los siglos VIII y IX el uso de los manjaniqs de tracción se generalizó por toda Europa Occidental, pero fue sobre todo a raíz de las operaciones cristianas en Tierra Santa cuando estas piezas de artillería llegaron hasta el último rincón del territorio europeo. Los primeros cruzados las usaron en el asedio de Antioquía en 1098, pero el término mangonele no aparecerá en Francia hasta finales del siglo XII, generalizándose durante el siglo XIII. A pesar de esto, en España los términos más usados fueron almajaniqs o almajeneques. Es a partir del siglo XII cuando el nombre patrarie o variaciones de esta palabra comiencen a ser usadas por los anglonormandos y también en Francia.
Los términos patrarie, petraries o petrariae siempre que aparecen en los textos aluden a máquinas de asedio más grandes que los mangonel. La mayoría de los investigadores indican que este tipo de ingenios eran usados para dañar fortificaciones, lo que implica un gran tamaño y proyectiles enormes. De las dimensiones de las piedras empleadas da idea el que en el asedio de Boves por el rey Felipe Augusto hacían falta cuatro hombres para llevar cada una de ellas para los petraries.
PEDRERA.
Máquina de origen francés, de consistencia ligera y rústica, utilizada durante los siglos XI al XV en la Europa medieval. Su manejo era bastante fácil, pues sólo es necesario el esfuerzo de la tracción humana. Su dotación era de 8 hombres, y la cadencia de tiro rápida, lanzando bolas de piedras de 3 a 20 kilos a una distancia aproximada de 50 a 70 metros. Esta máquina fue usada para la defensa de castillos y fortificaciones así como para efectuar cargas sobre los caballeros protegidos con armaduras. Con la aparición de la pólvora dejó de ser utilizada.
GRÚA DE ASALTO.
Los ejércitos cristianos hicieron un amplio uso de las grúas de elevación. Todas ellas se basaban en el principio del contrapeso, empleando la misma tecnología usada en las grandes piezas de artillería diseñadas para lanzar piedras.
Cuando el extremo más alejado de las murallas bajaba, el otro subía hasta alcanzar los coronamientos de los muros, de tal forma que los soldados pudieran penetrar en el interior del recinto amurallado enemigo.
ESPRINGAL DE UN RESORTE.
La espringal cristiana, como también ocurría con el qaws al-ziyar, a pesar de no emplear cuerda de tendones era muy superior a las máquinas de torsión romanas, no sólo en lo que a sus elementos metálicos se refiere, sino también en su funcionamiento. La energía de una de estas piezas se podía estimar en torno a 1.800 kilos, convirtiéndola en un arma poderosa que necesitaba de dos hombres para su manejo.
La potencia de esta máquina era tal que podía atravesar no sólo las armaduras de los soldados, sino también los escudos. Estas máquinas disparaban proyectiles o virotes llamados tongues, que medían entre 70 y 80 centímetros de largo, de 4 a 5 centímetros de ancho y con un peso de 1,4 kilos, aunque habría flechas de mayor calibre. En su fabricación predominaba normalmente la madera, aunque en algunas ocasiones fueron utilizados el bronce y el latón. Estas máquinas también se podían adaptar para el disparo de piedras o proyectiles incendiarios tan sólo con la sustitución de la cuerda por una honda.
MÁQUINA INCENDIARIA.
En la Edad Media el fuego suponía uno de los mayores peligros para una ciudad, incluso si sus murallas eran de piedra. Las casas se agrupaban unas junto a otras con calles muy estrechas, y éstas sí que estaban construidas en madera, por lo que el fuego podía resultar de gran utilidad contra ellas.
Los efectos se multiplicaban si se llevaban a cabo los ataques con fuego en situaciones especiales, por ejemplo, cuando se acababa de hacer la siega y se amontonaban los haces de paja en los graneros o incluso en las puertas de las casas. La propagación de las llamas, en estos casos, era muy rápida y podía llevar a la destrucción total de la ciudad con sus víveres en un espacio de tiempo muy corto.
ESCALA MÓVIL.
Son numerosos los puentes de asalto utilizados en el Renacimiento para rebasar las murallas por altura. El que aquí se muestra dispone de una estructura móvil y de un puente en altura.
ARIETE PESADO.
El ariete consistía en una estructura en forma triangular o cuadrada que, por medio de cuerdas, suspendía la viga de golpeo en su interior. Para mover este ingenio se tiraba hacia atrás con las cuerdas desde el lado opuesto a donde estaba la cabeza y luego se soltaba en una especie de movimiento de balancín. Con el objeto de facilitar su desplazamiento, este diseño quedó ubicado sobre un chasis de madera con ruedas.
Estas innovaciones introdujeron grandes novedades a la hora de proteger a los soldados, facilitando las maniobras de aproximación hasta la base de los muros. Algunas ilustraciones de finales de la Edad Media muestran arietes dentro de un cobertizo cuneiforme colocado sobre ruedas y armado con un extremo puntiagudo de hierro. El modelo de ariete diseñado por Taccola constaba de un chasis con ruedas, sobre el que se había dispuesto una estructura con cubierta a cuatro aguas, dentro de la que se albergaba una viga de grandes dimensiones.
TORRE MÓVIL CON DOS COFAS.
En el Renacimiento encontramos curiosos ingenios como esta torre que se muestra a continuación y que sumas las diferentes opciones que se podían practicar en caso de asalto.
MÁQUINA INCENDIARIA CUCHARA.
En la Edad Media el fuego suponía uno de los mayores peligros para una ciudad, incluso si sus murallas eran de piedra. Las casas se agrupaban unas junto a otras con calles muy estrechas, y éstas sí que estaban construidas en madera, por lo que el fuego podía resultar de gran utilidad contra ellas.
Los efectos se multiplicaban si se llevaban a cabo los ataques con fuego en situaciones especiales, por ejemplo, cuando se acababa de hacer la siega y se amontonaban los haces de paja en los graneros o incluso en las puertas de las casas. La propagación de las llamas, en estos casos, era muy rápida y podía llevar a la destrucción total de la ciudad con sus víveres en un espacio de tiempo muy corto.
PUENTE LEVADIZO.
La máquina aquí presentada cumple dos funciones, la de parapeto móvil y también la de puente levadizo. Durante la maniobra de aproximación el parapeto iba en posición vertical, de modo que podía proteger a los zapadores que marchaban acompañando y empujando la máquina. Pero, una vez que había llegado a las inmediaciones del foso, se dejaba caer el puente, de modo que los soldados pudieran cruzar a través de él.
Por medio de este ingenio se evitaba a los sitiadores la ardua tarea que suponía el rellenado de los fosos con tierra y fajina. Precisamente, este trabajo era uno de los más complicados y peligrosos de realizar, costando a menudo la vida a un elevado número de hombres. De ahí la invención de máquinas combinadas, como la aquí presente, que permiten desarrollar dos tareas al mismo tiempo.
MANTELETE ABATIBLE MÓVIL.
El mantelete fue la primera forma de protección adoptada por los ejércitos para acercarse hasta las murallas enemigas. Era una especie de muro formado por un panel de grandes dimensiones construido con tablas de madera. El modelo aquí presentado es más pesado que los previos, añadiendo la presencia de cuatro ruedas dispuestas en dos ejes, diseño que aumentaba su capacidad de movimiento.
Otra de las características interesantes de la máquina era que su estructura defensiva resultaba abatible, siendo el complemento perfecto de las primeras piezas de artillería de pólvora. Los cañones primigenios operaban con un proceso de carga y recarga extremadamente lento, por lo que se disponían detrás de estos manteletes abatibles, siendo abatido el panel frontal únicamente a la hora de disparar. Gracias a este peculiar diseño los soldados estaban siempre protegidos, exponiéndose tan sólo durante un tiempo muy reducido.
PUENTE ABATIBLE.
La máquina aquí presentada cumple dos funciones, la de parapeto móvil y también la de puente levadizo. Durante la maniobra de aproximación el parapeto iba en posición vertical, de modo que podía proteger a los zapadores que marchaban acompañando y empujando la máquina. Pero, una vez que había llegado a las inmediaciones del foso, se dejaba caer el puente, de modo que los soldados pudieran cruzar a través de él.
Por medio de este ingenio se evitaba a los sitiadores la ardua tarea que suponía el rellenado de los fosos con tierra y fajina. Precisamente, este trabajo era uno de los más complicados y peligrosos de realizar, costando a menudo la vida a un elevado número de hombres. De ahí la invención de máquinas combinadas, como la aquí presente, que permiten desarrollar dos tareas al mismo tiempo.
LAISA.
En ese momento comenzaron a usarse escudos más pequeños y portátiles llamados laisai y que tenían un origen eslavo. Estas nuevas protecciones, con forma de cobertizo a dos aguas, eran llevadas a mano hasta las murallas por un equipo de hombres. Para resultar operativas estas máquinas tenían dos entradas que permitían la buena circulación y que no se entorpecieran los que entraban y salían.
Las maderas cortas de cada lado se extendían hasta el punto que podían ser usadas como mangos para elevar la estructura entera, que tenía forma triangular. Toda ella estaba protegida con refuerzos de tablas y mimbres. La innovación que supusieron estas nuevas máquinas fue total, hasta el punto de que la mayoría de los teóricos militares bizantinos comenzaron a considerarlas como muy superiores a las anteriores por su efectividad. A causa de su reducido peso y su enorme capacidad podían albergar entre 15 y 20 hombres.
TORRE DE ASEDIO.
Las torres de asedio eran las máquinas de mayores dimensiones utilizadas en el periodo medieval, estando divididas en diferentes pisos donde portaban ventanas para el disparo o puentes abatibles.
MÁQUINAS A ESCALA REAL.
CARRO ESCALA.
Son numerosos los puentes de asalto utilizados en el Renacimiento para rebasar las murallas por altura. El que aquí se muestra dispone de una estructura móvil y de un puente en altura.
MANTELETE.
Las máquinas para la protección de los soldados resultaban fundamentales, de cara a las maniobras de acercamiento de las tropas a los muros, ayudando activamente en la protección de los obreros que realizaban las tareas de asedio o de minado. A pesar de que en muchos asedios no se utilizaran las grandes máquinas de asedio, este tipo de ingenios no podían faltar si se quería evitar un elevado número de pérdidas entre las filas atacantes.
Los ingenios protectores eran muy variados, así como sus nombres. Términos como vineae, mantas, manteletes, zarzos, gatas, bancos pinjados o paveses son empleados para describir máquinas con tipologías muy diferentes.
Tenían forma de parapetos, casetones o grandes escudos, pudieron estar fabricados en madera, mimbre o cuero. También existía la posibilidad de que contaran con ruedas o carecieran de ellas, además de presentar saeteras o techos almenados, de tal manera que se veía incrementada su capacidad protectora. El modelo aquí presentado es muy simple y adopta la forma de muro frontal con ruedas, estando dotado de aspilleras para permitir el disparo desde su parte trasera.
MÁQUINA DEFENSIVA PINCHOS.
En el mundo musulmán fueron numerosas las máquinas utilizadas para la defensa de las murallas. Muchas de ellas utilizaban sistemas de pinchos para dejárselos caer al enemigo cuando trataba de asaltar las murallas. La máquina aquí presentada consta de una estructura desplazable por las murallas por medio de ruedas, que era dejada caer sobre el enemigo cuando trataba de asaltar los muros.
BALLESTA DE TORNO.
La pieza de artillería de tensión más popular durante la Edad Media fue la ballesta de torno, conocida en el mundo musulmán con el nombre de jarkh. Constaba básicamente de un cuerpo similar al de las ballestas de mano, pero con la novedad de presentar un arco de mayores dimensiones, cuya medida se situaba siempre por encima del metro. En su parte posterior disponía de un torno o polea, elemento necesario para la carga de la pieza. A causa del elevado tamaño y peso del ingenio fue necesaria su instalación encima de una base dotada de una junta universal, que permitía apuntar en cualquier dirección y a cualquier altura.
Esta máquina fue usada con gran asiduidad durante los siglos XII, XIII y XIV, abundando referencias y representaciones suyas en las fuentes documentales. Aunque estas piezas de artillería eran portátiles, también contaron con diseños más pesados, capaces de disparar flechas de medio kilo a una distancia de más de 400 metros.
LANZAPIEDRAS TORBELLINO.
Las piezas de contrapeso basaban su mecánica en el sistema de balancín, presentando una estructura vertical y una viga pivotante horizontal, en uno de cuyos extremos se encontraba una honda y en el contrario una serie de cuerdas desde las que se ejercía la fuerza necesaria para liberarla.
La más pequeña de estas máquinas podía ser manejada por un solo hombre, pero los tipos más comunes eran movidos por equipos de entre 20 y 100 hombres, normalmente dos en cada una de las cuerdas. La fuerza humana suficiente para hacer funcionar los ejemplares de mayor calibre podía llegar a ser de 250 personas. Uno de ellos retenía la viga colgándose del proyectil, facilitando que éste se mantuviera en la posición correcta antes de ser disparado, mientras el resto tiraba desde las cuerdas del otro lado
Los diseños de estas máquinas eran muy variados, siendo el más simple de ellos el conocido como “de torbellino”. A causa de su simplicidad, el brazo podía ser movido en un radio de acción de 360º, lo que facilitó que se convirtiera en una de las máquinas más versátiles para lanzar piedras.
CARRO INCENDIARIO.
Las puertas eran uno de los elementos más vulnerables de las fortificaciones. De ahí que estuvieran reforzadas con la presencia de elementos metálicos para impedir que el fuego las quemara. Para intentar quemarlas se utilizaba la máquina que se muestra a continuación, consistente en un carro dotado de una cuba incendiaria en su parte delantera.

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